El debate profesional

El debate profesional

Un debate es la conversación para elegir el plan de fin de semana con tu pareja.

Un debate es contestar el argumento de tu hijo, con las razones por las que no quieres comprarle la nueva consola de Nintendo.

Un debate es responder las dudas de tus compañeros acerca de tu proyecto.

Un debate no es una oportunidad para humillar.

Un debate no es agredir a otra persona por su apariencia.

Un debate no es una pelea que se realiza para conocer a un vencedor.

Es tiempo para provocar una mejor apreciación el debate.

El debate no es un propósito. Es un instrumento para alcanzar la verdad. No es un arma que se dispara en contra de la persona que piensa diferente a ti, con los cartuchos de tus propias frustraciones. Es la oportunidad de escuchar y ser escuchado.

Para alcanzar la verdad dentro de un debate, debes aprender que la otra persona tiene una parte de la verdad faltante en tu razonamiento. Si crees tener toda la razón, es tu ego el que tiene el control de la situación. El ego te controla cuando piensas que eres tu cargo, tu título, tu éxito pasado y la reputación que crees te precede. El ego promueve el espectáculo en lugar del contenido. Sin importar lo que antecede, debes asumir que la verdad no te pertenece.

La oportunidad de un debate se presenta en todas partes. Deja la construcción mental de un debate organizado, desde un pódium. Si el concepto se encierra, lo reduces. Los debates son conversaciones diarias. Son el cruce de dos ideas distintas sin importar la hora ni el momento. Hay debates de bajo nivel que se vuelven discusiones salidas de una novela. Elige expulsarte del debate de baja calidad. La intención es subir el cruce de las ideas a un nivel profesional. Un nivel en el que ambas partes crezcan gracias a la discusión.

Para formar parte de un debate profesional, debes comportarte como un profesional. Deja los sentimientos en la arena de lo sentimental. Entiendo que es más fácil dejarlos escapar. Considera que el profesional se forma en base a la constancia emocional. La persona frente a ti no te enoja. Eres tú quien interpreta sus acciones con molestia. Si el tema a discutir es complicado, ¿qué caso tiene complicar aún más la situación? Tu deber es aportar serenidad de tu parte. Siempre.

Escucha antes de hablar. Domina lo que sale de tu boca. Practica el arte de la atención. La atención genuina y completa. Sin distracciones. Sin actualización de estado en el celular. Sin simulaciones. Escucha con atención lo que la otra persona quiere decir. Deja que interprete por su parte la situación. Si le faltan palabras para explicar, no adivines lo que quiere decir. Permítele hacer su mejor esfuerzo. Pídele que se exprese de la forma más específica. Si lanza a la conversación un tecnicismo que no dominas, hazlo saber y pregunta si es posible que te enseñe el significado o búscalo por tu cuenta. Sin dramas.

Cuando sea tu turno, explica la situación con detalles. Utiliza ejemplos y analogías para que la conversación se vuelva fértil y puedan crecer en ella las ideas. Acepta todas las ideas. Recuerda que la intención de un debate es encontrar la verdad entre dos partes. Incluso las ideas extravagantes y controvertidas pueden contener una parte de la verdad. En algún momento, encontrarás el punto medio entre las ideas que te permita encontrar un camino viable en la discusión. Entonces encontrarás puntos en común. Estos son los principios de cualquier resolución.

Elimina la visión de vencedores y vencidos. En un debate todos los participantes son tus aliados, incluso aquellos que se encuentran fuera de la mesa de discusión.

Tal vez el problema a debatir parezca complicado. No siempre lo es. Resulta que la mente es una caja de resonancia. La causa del problema rebota tantas veces, que el problema se vuelve una capa de decisiones sin tomar, hipótesis sin comprobar y una lista de acciones sin realizar. El problema se hace grande y la causa se esconde en el centro. El deber de ambas partes es quitar las capas de problema para llegar a la causa. La causa es el origen. No el problema.

Por supuesto que hay un límite. No debes quedarte en un lugar hostil en el que no quieres estar. El límite lo decides tú.

Procura conectarte con personas que opinan diferente a ti. Las ideas contrarias crean tensión. Y en la tensión también se hacen descubrimientos. Reunirte con las mismas personas que tienen tu misma opinión, es volverte un seguidor más de un mismo argumento desde las gradas. Todos apoyan al equipo local hasta que alguien voltea y se pregunta, ¿por qué debo hacerlo?

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