El imperio de mi interior

El imperio de mi interior

No tengo que perdonar, porque nadie me ha lastimado.

No tengo que reprochar, porque nadie me ha defraudado.

No tengo que olvidar, porque todos los recuerdos dieron forma a mi estado.

¿Por qué debería ejercer el perdón, si el único daño que recibo es el que permito?

El único juicio que debo aplicar, es el juicio a mis acciones. Sin importar la circunstancia, sin importar el momento. Mi deber es actuar bien, sin excepciones. En el imperio de mi interior, mi función es gobernar con calma.

Acaso podría decir que mi gran deseo, es actuar con sabiduría. Debo desistir de este deseo porque el total de mis acciones, no corresponden a un hombre sabio. Esto es natural, por lo que decido vivir sin angustia.

Debo ser coherente con mis acciones, ya que en la ausencia de las personas no estoy solo. Se encuentran conmigo las enseñanzas de todas las personas que admiro y respeto. Y estoy yo, en mi búsqueda de la verdad y la templanza.

Hay veces que pierdo el gusto por hacer. Y el hacer cosas las postergo. La vida me ha enseñado, que si algo postergo indefinidamente, entonces debo descartarlo. Todas las acciones que considero ejercer, deben pasar el filtro de estas preguntas:

¿Por qué lo quiero hacer?¿Esto agregará valor a mi vida?¿Esto ayudará a los demás?

Las cosas que se queden atrapadas en el filtro de las preguntas, no deben caber en mi vida.

Si durante el día me encuentro con irascibles, debo respetar entonces la decisión de esas personas de mantenerse en ese estado. Mi deber no es juzgar. Mi deber es mantener la tranquilidad en el imperio de mi interior y gobernar con calma.

Porque en el imperio de mi interior no seré un tirano. Seré un gobernante enfocado en la búsqueda de la verdad y de la templanza.

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