La verdad es que no hay verdad

La verdad es que no hay verdad

La verdad es que no hay verdad.

Parece que no tengo nada mejor para escribir.

Pero cada día que pasa, miro por la ventana y ahora entiendo que la verdad es que no hay verdad.

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Mi iPhone es un aparato muy celoso. Su batería pide de comer cada siete horas y yo, como adulto responsable que no quiere quedarse con un pisapapeles muy caro, busco la alternativa más cercana para conectarlo y alimentarlo.

Sé que es un aparato capaz de hacer cosas increíbles.

Sé que es una herramienta poderosa.

Su fabricante me dice, me manifiesta que es algo genial. Y eso es verdad. Aunque esa verdad termina cuando su batería se acaba. Se acaba la batería; se acaba la verdad.

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Ayer hice un anuncio en Facebook invitando a un taller gratuito de emprendimiento en mi nueva oficina. Además del anuncio, hacer un taller con duración de un par de horas tiene un costo. Sin embargo lo daré gratis.

¿Por qué?

Porque puedo hacerlo. Tal vez alguien se quede un rato a conversar y hagamos conexión. No lo sé. No lo espero. Rayos.

¿Por qué no hacerlo?

Claro que esa es mi verdad. La que desaparece si alguien que no se encuentra en mi frecuencia trata de entender la situación. Entonces no hay verdad. O tal vez la verdad es una y nuestras perspectivas son distintas.

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Soy adicto a los resultados rápidos. Ahora estoy en tratamiento a base de paciencia.

¿Quieres el secreto para hacer cosas importantes?

Trabajo y paciencia.

Esa es la verdad que no queremos aceptar.

Aunque algo hace falta.

Se puede recorrer un laberinto con trabajo y paciencia. Y seguir atrapada, atrapado dentro.

Para hacer realidad el secreto, son necesarias las palabras disciplina, implementación y enfoque. Entonces la verdad se vuelve más complicada.

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Hay una tienda de telas en el centro de la ciudad. Y me gusta pasar por toda la exhibición en los pasillos con las manos sueltas. Tocando cada tela que pueda. Aunque parecidas, todas son diferentes.

Cuando la tela pasa por mis manos cambia su forma pero no su composición. Mi acción le da una forma distinta. Sucede lo mismo con la llamada “realidad”.

La realidad es una tela en el pasillo. La puedes estirar. La puedes cortar. Incluso la puedes romper. Independiente el tema de lo correcto.

En cada conversación, tocamos la realidad de otros. Así agregamos perspectiva a la nuestra.

La realidad es una tela. Aprende a coser. Y construye algo que importe.

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No te preocupes tanto por la verdad. De igual manera la ignoramos todo el tiempo.

Sé que es mejor para mi, actuar enfocado en el largo plazo. Lo cual ignoro cuando abro un refresco de dieta y me siento a ver toda una serie en Netflix.

Tal vez es bueno desviarse un poco de la verdad. O volverla más ancha para caber todos los días.

No lo sé.

Lo único que escribo es mi verdad.

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