LAS DIEZ REFLEXIONES QUE CAMBIARON MI VIDA

LAS DIEZ REFLEXIONES QUE CAMBIARON MI VIDA

[PRIMERA REFLEXIÓN]
 
No es el error. Es lo que haces después del error.
 
No son las agresiones ni los insultos. Eres tú al permitir que la agresión viva en ti.
 
No es que el mundo no entienda lo que haces. Es tu obligación de hacer lo que debes hacer.
 
No es la falta de tiempo. Es tu creencia de prioridades.
 
No son las circunstancias que te perjudican. Es que no desarrollas la habilidad de ponerte en una situación de ventaja.
 
[SEGUNDA REFLEXIÓN]
 
Los que se quedaron atrás
 
Los que se quedaron atrás olvidaron lo importante de construirse así mismos todos los días. Se quedaron atrás y exigen compañía. Exigen atención. Y exigen a otros la responsabilidad que a ellos les toca.
 
[TERCERA REFLEXIÓN]
 
Vivir en la cuerda floja
 
Es posible tensar la vida hasta convertirla en una cuerda floja. Caminar por la cuerda floja es un acto que permite muy pocos errores.
 
El dejarse atrapar por la frustración, es tensar tu vida y caminar por la cuerda floja.
 
El permitir que una persona altere negativamente tu estado de ánimo, es tensar tu vida y caminar por la cuerda floja.
 
[CUARTA REFLEXIÓN]
 
La contención
 
Contenerse no es bien visto en los tiempos del pensamiento mágico. De los decretos. De las peticiones al universo.
 
Contenerse es la habilidad que requieres para no romperte. Igual que el dique. Dosificas la salida, tienes el control. Lo abres, lo rompes.
 
Contenerse es la administración de tus recursos emocionales e intelectuales. Contenerte es necesario para no quebrarte.
 
[QUINTA REFLEXIÓN]
 
Todos en algún momento, sentimos la necesidad de quebrarnos.
 
Quebrarnos en tristeza por la partida de alguien.
 
Quebrarnos en melancolía porque una relación terminó.
 
Quebrarnos en coraje porque no conseguimos el trato deseado.
 
Quebrarnos del miedo por sentirnos quebrados en el rincón de la habitación.
 
Contenerse significa permanecer en la entereza porque tú lo decides.
 
El camino de la entereza es amplio. Es un camino que te permite correcciones al transitarlo. Incluso detenerte un poco mientras planeas cómo llegar a tu destino.
 
Dime: ¿Cuál es la prisa?
 
[SEXTA REFLEXIÓN]
 
Maestría a los 30 años.
 
Un puesto ejecutivo bien pagado lo más pronto posible.
 
Un auto porque para eso trabajas.
 
Una casa porque es lo siguiente.
 
Unas vacaciones para disfrutar la vida al máximo.
 
El mundo nos dice que son reconocimientos e incentivos por nuestra labor. Pronto, esos reconocimientos e incentivos se convierten en combustible del ego. Nos cambian de dirección para concentrarnos en ser en lugar de hacer.
 
Es fácil enamorarse de la imagen de lo que parece ser el éxito.
 
La cantidad de ceros en el cheque, la cantidad de seguidores, un lugar reservado en el estacionamiento, el número de personas a cargo. Parece la imagen del éxito. Mas la apariencia engaña.
 
Lo que importa en la vida es lo que haces con ella. No lo que aparentas.
 
Hacer es más importante que el ser. Tu propósito debe ser más grande que tú.
 
[SÉPTIMA REFLEXIÓN]
 
El rey sin corona
 
El rey sin corona forma parte de la mitología mexicana.
 
Es la persona que en las pláticas dice poseer todas las habilidades necesarias para cumplir su misión. Pero nunca pudo desarrollar y aplicar sus habilidades por causa de un maestro en la universidad que no le permitió seguir estudiando. De su jefe que no le deja destacar. De su pareja que no comprende su constante creatividad. Vaya. Que todos son culpables. Y por eso sigue estancado. Pero sigue siendo el rey.
 
Lo cierto es que cada habilidad es una responsabilidad. Y la responsabilidad tanto la habilidad es tuya.
 
¿Cuál será tu respuesta a tu habilidad?
 
¿Darle la vuelta?
 
¿Dejarla sin aplicar?
 
¿Dejarla sin desarrollar?
 
Te recomiendo lo siguiente:
 
Destrona al rey sin corona.
 
[OCTAVA REFLEXIÓN]
 
La queja es el nivel más bajo de análisis de una situación.
 
Cuando alguien me envía un mensaje, quejándose de alguno de mis artículos o de alguno de los capítulos de mi último libro, le invito a realizar lo siguiente:
 
1 Abrir un blog.
2 Documentarse y
3 Escribir su argumento.
 
Nadie lo hace.
 
Esto puede parecer rudo. Pero prefiero hablar con la sinceridad que existe entre nosotros. Pretendo poner en la mesa el asunto de la queja y diseccionarlo.
 
Quejarnos es muy fácil. Y la queja puede aparecer de formas que no sospechas.
 
“Es que todo me pasa a mi”.
 
No.
 
Es que todo te lo provocaste tú.
 
No hablo del nivel de una enfermedad fuerte o de algún accidente muy grave. Hablo del nivel en el que el 99% de las cosas suceden.
 
[NOVENA REFLEXIÓN]
 
Nuestras acciones son determinantes.
 
Si nunca revisas tu coche, que no te sorprenda el que no arranque.
 
Si nunca aprendiste algo diferente a tu carrera, que no te sorprenda el no encontrar trabajo.
 
Si nunca haces un plan y lo ejecutas, que no te sorprenda tu estancamiento.
 
Si nunca aportas amor al mundo; que no te sorprenda sentirte sola.
 
Imagina que formulas una queja por hora. Al día, tendrás alrededor de 16 quejas. Al mes, serán 480. En un año, habrás fabricado la cantidad de 5,840.
 
5,840 quejas. Si para quejarte, utilizas por lo menos 30 segundos, te habrás quejado durante 2 días enteros.
 
2 días de quejas. Dos días enteros sin dormir, sin comer, sin beber. Sin hacer otra cosa que quejarte.
 
¿Cómo quieres que responda el búmerang kármico?
¿Cómo esperas que mejore tu situación?
¿Cómo esperas que te vean los demás?
 
[DÉCIMA RELFEXIÓN]
 
Las acciones son palomas que regresan al nido.
 
La queja es el nivel más bajo de análisis de una situación.
 
Quejarnos es padecer los síntomas mientras olvidamos la causa de la enfermedad.
 
“No hay libros en la biblioteca”.
Resuélvelo.
 
“No tengo dinero”.
Compra algo y véndelo más caro.
 
“Es que me duele el corazón, el espíritu y el alma por equis dramática situación”.
Es que no te has dado cuenta que la fuente de tu sufrimiento eres tú.
 
Deja de quejarte. Comienza a actuar.
 
Por: Raúl Gabino Quilantán
 
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