Sobre el poner la otra mejilla

Sobre el poner la otra mejilla

Controlar mi reacción ante una persona irritante es poner la otra mejilla.

Decidir que no convertiré en propio un insulto, significa poner la otra mejilla.

Perdonar a la persona que alguna vez causó una herida es poner la otra mejilla.

¿Con qué frecuencia me ha pasado, que el problema del otro con el tiempo, se convierte en mi problema? Bastante. Entonces mi deber es entender a los demás y prepararme.

Pensar en lo que suele suceder y aceptar lo que puede suceder, es poner la otra mejilla.

Porque es más fácil regresar lo que considero una calumnia y una infamia. Sin pensar que al regresar lo que recibo, dejaré en manos de mis emociones mi destino.

Porque es más fácil entregarse al dominio de las emociones. Y las emociones me dicen: ¡no lo permitas, golpea! Y como todas las cosas que se unen, esa acción se volverá en mi contra. El golpe que lance en algún momento lo recibiré.

Porque al momento de ayudar me ayudo. Porque el saludo que llega lo regreso. Porque mis principios y lecciones que he estudiado no serán abandonados y al no abandonarlos ante cualquier circunstancia, la otra mejilla con gusto la expongo.

Poner la otra mejilla prepara mi ánimo en la templanza. Y esparce la mansedad en mi alma.

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