Sobre la excelencia personal

Sobre la excelencia personal


La excelencia personal es navegar con la guía de un faro, mientras los demás barcos son manejados por la corriente.

La excelencia no es el principio natural de las cosas. El principio natural de las cosas es el caos. En esta realidad, madera y clavos sueltos no forman un bote. El orden sucede cuando deliberadamente, organizas el material y creas un bote.

::La excelencia personal es un bote que construyes. La resilencia, la capacidad de adaptación, la tranquilidad y el control del ego, son el material que deberás utilizar.::

Por lo tanto, pienso que la excelencia personal es algo que te corresponde buscar por derecho y por obligación.

Es tu derecho porque la vida y tu progreso es un fin en sí mismo.

Es tu obligación porque no es responsabilidad de los demás

“La construcción de la vida está mucho más en las manos de los hechos que en las de las convicciones” dijo Walter Benjamín.

Para encontrar la respuesta a la excelencia debemos hacernos preguntas.

::La primera pregunta que te debes hacer es si deseas la verdad o buscas la verdad.::

El desear la verdad es buscar un tesoro mientras cierras los ojos, cruzas los dedos, repites varios mantras y te vas a dormir con la idea de que el tesoro aparecerá en tu casa por la mañana.

El buscar la verdad significa realizar una investigación, adquirir un detector de metales, ir a la playa, utilizar lo aprendido y controlar la decepción en caso de que no encuentres el tesoro que saliste a buscar.

Desear la verdad es esperar un resultado. Esto es lo más fácil.

Buscar la verdad es hacer el trabajo y que el trabajo te brinde mayor oportunidad de encontrar el resultado. Esto es lo más eficiente.

La eficiencia te pone un paso adelante en el camino a la excelencia.

Esta es la segunda pregunta que debes hacerte:

::¿Al servicio de qué pondrás la excelencia?::

Hay personas que ponen al servicio del drama su excelencia. La ofrecen a los arranques de ira, del ego y las mentiras.

La excelencia personal es un camino que inicia en tu mente y se acredita con tus acciones. No es para ganar elogios, es para convertirte en una persona virtuosa.

La excelencia la debes poner al servicio de la re interpretación de los eventos a tu alrededor. Que no todo te pasa a ti y que todo puede ser aprovechado por ti.

La debes poner al servicio de la objetividad.

La objetividad es la ruta corta. Es la simplicidad de los hechos. Los juicios de valor son construcciones mentales. Todo lo que entre a nuestra mente, es evaluado y catalogado. El catálogo viene cargado de etiquetas. Buenas o malas. Las etiquetas son prejuicios. Y los prejuicios son la dirección opuesta a la excelencia. Busca el bien sin aplausos ni etiquetas.

La objetividad es la ruta corta. Que sea esa la finalidad de la excelencia.

Si lo ves desde la perspectiva de los años, la excelencia personal es la ruta más corta.

Lamentablemente, no hay una ruta fija para la excelencia.

Un título colgado en la pared es un contrato social. En el contrato, la sociedad por medio de una universidad, certifica que te encuentras lista, que te encuentras listo para ejercer una carrera. De la misma forma, una licencia y algo de tiempo de experiencia, te certifican como pescador.

Aún con el mejor equipo de pesca y toda la experiencia, podrías ser un pescador ruidoso. Molesto. Irrespetuoso. Grosero. Aún con tu título de universidad y tus años de estudio, podrías ser un profesionista sin moral. Carente de ética. Con un ego que te traiciona continuamente.

Para alcanzar la excelencia, debes entender la naturaleza básica del mundo y saber insertarte en ella.

La excelencia no es un nivel más alto. Es pensar y hacer en plano diferente.

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